Seguro que has oído hablar de la vitamina D y su relación con el sol, pero no es la única forma en la que nuestro cuerpo la obtiene. Aunque la mayor parte se absorbe a través de la exposición solar, aproximadamente un 10% proviene de la alimentación. El déficit de vitamina D puede estar relacionado con una ingesta insuficiente en la dieta, dificultades en su absorción o ciertas condiciones que afectan su metabolismo. En este artículo, veremos qué implica tener la vitamina D baja, si las mujeres pueden ser más propensas a ello y cómo corregirlo a través de la alimentación y la suplementación.

¿Qué es el déficit de Vitamina D?

El déficit de vitamina D ocurre cuando los niveles de esta vitamina en el organismo son inferiores a los recomendados. Según el Instituto Nacional de Salud (NIH), la cantidad diaria recomendada de vitamina D varía según la edad:

  • Bebés hasta los 12 meses: 10 mcg
  • Niños de 1 a 13 años: 15 mcg
  • Adolescentes de 14 a 18 años: 15 mcg
  • Adultos de 19 a 70 años: 15 mcg
  • Adultos mayores de 71 años: 20 mcg
  • Mujeres embarazadas o en período de lactancia: 15 mcg

Cuando el cuerpo no recibe suficiente vitamina D a través de la alimentación o presenta dificultades en su absorción, pueden aparecer síntomas y riesgos para la salud.

¿Son las mujeres más propensas a tener la Vitamina D baja?

Sí, algunas mujeres pueden ser más propensas a tener niveles bajos de vitamina D debido a ciertas condiciones de salud.

Uno de los grupos con mayor riesgo son las mujeres con Síndrome de Ovario Poliquístico (SOP), ya que entre un 67% y 85% de ellas presentan deficiencia de esta vitamina, según el Campus Fármaco Salud. Esto se debe a que la vitamina D influye en la función ovárica y el equilibrio hormonal, por lo que su falta puede estar relacionada con los síntomas del SOP, como ciclos menstruales irregulares y resistencia a la insulina.

Por otro lado, una investigación publicada en Medicina Clínica indica que las mujeres posmenopáusicas también tienen un alto riesgo de presentar niveles bajos de vitamina D, lo que puede afectar la salud ósea y aumentar la probabilidad de osteoporosis. Además, hay estudios que sugieren que mujeres con endometriosis y miomas uterinos podrían tener más probabilidades de presentar niveles bajos de esta vitamina.

Si bien las mujeres pueden ser propensas a tener la vitamina D baja debido a problemas ginecológicos y causas naturales como la menopausia, no son el único grupo de riesgo. También pueden presentar déficit de esta vitamina:

  • Personas mayores que pasan la mayor parte del tiempo en interiores.
  • Quienes toman medicamentos que aceleran el metabolismo de la vitamina D.
  • Individuos con obesidad.
  • Personas con osteoporosis.
  • Pacientes con enfermedades que afectan la absorción intestinal, como la celiaquía.

Síntomas de tener la Vitamina D baja

En casos leves o moderados la falta de vitamina D no produce síntomas evidentes. Sin embargo, cuando los niveles son muy bajos y se mantienen así durante un tiempo prolongado, pueden aparecer señales que afectan la salud ósea y muscular.

Uno de los primeros indicios de un déficit significativo es el aumento de la hormona paratiroidea, lo que puede acelerar la pérdida de masa ósea y aumentar el riesgo de fracturas. Para detectar este problema, los médicos pueden solicitar una densitometría ósea, una prueba que mide la densidad de los huesos y ayuda a identificar si hay un debilitamiento progresivo.

En casos más graves y prolongados, la deficiencia de vitamina D reduce la absorción de calcio y fósforo en el intestino, lo que puede generar una mayor desmineralización ósea. Como consecuencia, pueden aparecer síntomas como:

  • Dolor y sensibilidad en los huesos.
  • Debilidad muscular, que puede dificultar movimientos cotidianos.
  • Mayor riesgo de fracturas, incluso con golpes o caídas leves.
  • Dificultad para caminar o sensación de inestabilidad al moverse.

Complicaciones que puede provocar un déficit de Vitamina D

Tener niveles bajos de vitamina D puede afectar la salud ósea, aumentando el riesgo de problemas como la osteoporosis y las fracturas. Esta vitamina es esencial para la absorción del calcio, por lo que su deficiencia puede debilitar los huesos con el tiempo.

En casos más graves, el déficit de vitamina D puede provocar enfermedades específicas:

  • Raquitismo en niños: Esta enfermedad poco común provoca el reblandecimiento y debilitamiento de los huesos, lo que puede causar deformidades óseas. Los bebés y niños afrodescendientes tienen un mayor riesgo de desarrollarlo debido a una menor síntesis de vitamina D en la piel.
  • Osteomalacia en adultos: Se trata de un trastorno que genera huesos frágiles, dolor óseo y debilidad muscular, dificultando la movilidad y aumentando el riesgo de fracturas.

Dieta y suplementación para mujeres con la Vitamina D baja

Cuando se detecta un déficit de vitamina D, lo ideal es aumentar su consumo a través de la alimentación siempre que sea posible. Algunos alimentos ricos en esta vitamina incluyen:

  • Pescados grasos, como salmón, atún y caballa.
  • Hígado de res y yema de huevo.
  • Productos lácteos y bebidas vegetales fortificadas.
  • Champiñones expuestos a la luz ultravioleta.
  • Aceites de hígado de pescado, como el aceite de hígado de bacalao.

Sin embargo, en ciertos casos, la dieta por sí sola no es suficiente. Las personas mayores con poca exposición solar o aquellas con dificultades para absorber la vitamina D, como quienes padecen enfermedades intestinales, pueden requerir suplementación.

Los suplementos de vitamina D deben recomendarse en adultos con alto riesgo de déficit y con niveles en sangre inferiores a 20 ng/ml o 50 nmol/L. No obstante, su consumo debe hacerse siempre bajo supervisión médica, ya que un exceso puede ser perjudicial.

La exposición al sol no genera toxicidad, ya que la piel regula de manera natural la cantidad de vitamina D que produce. Sin embargo, tomar suplementos sin control profesional puede provocar un exceso en el organismo, causando síntomas como náuseas, vómitos, pérdida de apetito, estreñimiento, debilidad y pérdida de peso. En casos graves, puede dañar los riñones y elevar los niveles de calcio en sangre, lo que puede derivar en insuficiencia renal, alteraciones en el ritmo cardíaco y confusión.

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